Si tuviera que relatar cómo llegó la Astrologia a mí vida, tendría que empezar por contarte como los lenguajes sagrados y esotéricos se colaron en mi vida desde muy temprana edad. Nací en un linaje femenino materno donde la videncia y la magia eran moneda corriente en lo cotidiano.
Desde muy chica y particularmente a través del vínculo con mi abuela, vivencié la existencia de un mundo espiritual y oculto, plasmado a través de rituales, tarot, santos, talismanes y un sinfín de formas de representar lo no tangible.
Pero la vida y las estrellas se encargaron de que naciera bajo un Sol en Virgo y una Luna en Capricornio, energías donde el uso de la lógica y la razón son tal vez un talento, y la sensatez y coherencia, para mí una necesidad. El mundo holístico se me presentaba como caótico y confuso, no podía ordenarlo, ubicarlo y trazar limites concretos de lo “real” e “ilusorio”.